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BlogTalento y Estrategia Laboral6 min de lectura

Algo está fallando en las empresas españolas: el absentismo acaba de confirmarlo.

La tasa de absentismo laboral alcanzó un récord histórico en España. Más allá de los datos, analizamos qué revela sobre las empresas y el futuro del trabajo.

Los datos del XIV Informe Adecco sobre Empresa Saludable y Gestión del Absentismo deberían llamar la atención de cualquier directivo.

En 2024, la tasa de absentismo en España alcanzó el 7,3%, el nivel más alto de toda la serie histórica. Detrás de ese porcentaje hay una realidad mucho más relevante que la propia cifra: cada trabajador perdió, de media, 120 horas al año por absentismo, frente a las 90 horas que se registraban antes de la pandemia. Si la tasa se hubiera mantenido en el 5%, se habrían trabajado cerca de 688 millones de horas adicionales, el equivalente al trabajo anual de casi 378.000 personas.

Lo interesante es que este fenómeno se está produciendo en un contexto que, en teoría, debería favorecer el comportamiento contrario. La economía española creció un 3,2% durante 2024, el empleo continuó aumentando y las organizaciones han acelerado sus procesos de digitalización durante los últimos años. Sin embargo, el absentismo no solo no se reduce, sino que continúa marcando récords. Cuando una variable deja de responder a las dinámicas que históricamente la explicaban, suele ser una señal de que estamos ante una transformación más profunda.

Durante años, el absentismo se interpretó principalmente como un indicador relacionado con la asistencia al puesto de trabajo. Hoy parece más acertado entenderlo como un indicador de la salud de las organizaciones. El propio informe muestra que el 90% del incremento registrado entre 2019 y 2024 está relacionado con incapacidades temporales derivadas de enfermedad común o accidente no laboral. Las horas perdidas por este motivo alcanzaron las 93,9 horas por trabajador en 2024, un máximo histórico que incluso supera en un 17% las cifras registradas durante el año de la pandemia.

Este dato resulta especialmente relevante porque obliga a desplazar el foco del debate. La conversación deja de girar en torno a quién falta y pasa a centrarse en qué está ocurriendo dentro de las empresas. Las bajas no están creciendo principalmente por conflictos laborales o ausencias injustificadas. Lo que muestran las cifras es un aumento sostenido de situaciones vinculadas a la salud física y mental de las personas, en un entorno donde la presión operativa, la velocidad de los cambios y la complejidad organizativa son cada vez mayores.

La paradoja es evidente. Nunca hemos tenido más tecnología disponible para optimizar procesos, automatizar tareas y mejorar la productividad. Al mismo tiempo, muchas organizaciones siguen apoyando buena parte de su crecimiento en estructuras que exigen una elevada carga operativa a los equipos. La digitalización ha permitido hacer más cosas, pero no siempre ha servido para simplificar la forma de trabajar. En numerosos casos ha ocurrido exactamente lo contrario: se han añadido herramientas, procesos y canales de comunicación sin replantear el modelo operativo en su conjunto.

Quizá por eso las compañías que están obteniendo mejores resultados comienzan a abordar esta cuestión desde una perspectiva diferente. En lugar de preguntarse cómo reducir el absentismo, se preguntan cómo reducir las causas que lo alimentan. Analizan procesos, eliminan tareas repetitivas, automatizan actividades de bajo valor y buscan que las personas concentren su tiempo en aquello para lo que realmente fueron contratadas. No se trata únicamente de bienestar. Se trata de productividad, eficiencia y sostenibilidad del crecimiento.

La lectura más interesante de este informe probablemente no sea que el absentismo ha alcanzado un nuevo récord. La verdadera noticia es que el fenómeno parece haberse desconectado de muchas de las variables económicas que tradicionalmente lo explicaban. Si esa tendencia continúa, las empresas tendrán que dejar de considerar el absentismo como un asunto exclusivo de Recursos Humanos y empezar a entenderlo como una cuestión estratégica. Porque cuando una organización pierde el equivalente al trabajo anual de cientos de miles de personas, el problema ya no está en la ausencia. Está en todo lo que ocurre antes de que esa ausencia se produzca.

Igor